Error humano, accidente laboral y neurociencias: ¿por qué los operadores experimentados suelen ser los más expuestos? Comprender el piloto automático para reforzar la prevención de riesgos laborales.
Existe una creencia arraigada en las empresas: cuanto más experimentado es un empleado, más seguro está. Por eso, cuando un accidente laboral afecta a un profesional curtido, la incomprensión es total. Su responsable no lo entiende. Él mismo no lo entiende. Sin embargo, las neurociencias aplicadas a la prevención de riesgos laborales ofrecen una explicación precisa — y una vez comprendida, es difícil de olvidar.
El cerebro: un gestor de energía, no un detector de peligros
El cerebro se enfrenta a un desafío permanente: representa el 2 % de nuestra masa corporal pero consume cerca del 20 % de nuestra energía. ¿Su solución? Delegar al máximo. Crea automatismos — esas «autopistas neuronales» que permiten ejecutar tareas complejas sin esfuerzo consciente. Conducir, escribir en un teclado, subir una escalera: todo lo que se aprende y se repite acaba pasando al piloto automático. Este mecanismo es brillante. Y es también ahí donde reside la trampa para la seguridad en el trabajo.
La paradoja de la experiencia: la rutina como punto ciego
Esto es lo que la mayoría de los programas de formación en seguridad aún no han integrado:
El cerebro no activa la vigilancia consciente ante el peligro. La activa ante la novedad.
La primera vez que un operador maneja una carretilla elevadora, su cerebro está en plena alerta: analiza, anticipa, verifica. ¿Después de la centésima maniobra en el mismo entorno? Todo sucede sin esfuerzo consciente — es decir, sin vigilancia activa.
En el 80 % de los accidentes laborales vinculados a un error humano, la persona implicada es experimentada y se encuentra en una situación de rutina (Rousset, Moll & Amalberti, 2011). No es una casualidad. Es una propiedad neurológica — un factor humano estructural, no un defecto individual.
La fórmula de la doctora en neurociencias Isabelle Simonetto se ha convertido en una referencia en prevención de riesgos:
Persona experimentada + actividad de rutina = piloto automático = riesgo multiplicado por diez.
Marc y la boca de acceso: el error humano invisible
Marc gestiona una intervención eléctrica imprevista — su cerebro está completamente movilizado. Su compañero, cerca de él, abre una boca de acceso. Marc termina, se gira… y cae dentro. El hueco era visible. No lo «vio».
Esto es lo que las neurociencias denominan atención focalizada: cuando el consciente está saturado por una tarea prioritaria, el resto del entorno es filtrado por los automatismos — es decir, por el hábito, no por la vigilancia. Una forma de error humano que ni la sanción ni las instrucciones pueden prevenir por sí solas.
"Solo percibo lo que he aprendido a percibir"
Un operador veterano no escanea su entorno como un novato. Ve lo que espera ver. Lo que sale de sus esquemas habituales puede no ser registrado — aunque sea visible a simple vista.
Esto también alimenta el sesgo de exceso de confianza: tras años sin accidentes laborales, el cerebro aprende que «todo va bien» y reduce inconscientemente el nivel de alerta.
Lo que esto cambia para los profesionales de HSE, RR.HH. y responsables
Esta paradoja no sirve para culpar a los trabajadores experimentados. Sirve para replantear la prevención de riesgos laborales — demasiado a menudo calibrada para los novatos.
- Dirigirse también — y sobre todo — a los trabajadores sénior en las charlas de seguridad Son quienes más funcionan en piloto automático. Los mensajes que reconocen su experiencia al tiempo que señalan el factor humano de la rutina tendrán un impacto mucho mayor.
- Introducir puntos de ruptura en las tareas rutinarias Listas de verificación, auto-cuestionamiento, gestos clave formalizados: estas herramientas de fiabilidad humana fuerzan una toma de conciencia donde el cerebro querría ir rápido.
- Fomentar la declaración de casi-accidentes Un trabajador sénior que declara un casi-accidente demuestra que su cultura de seguridad sigue funcionando. Esto debe fomentarse activamente.
La buena noticia: el cerebro es moldeable
Los automatismos peligrosos pueden reprogramarse. Los comportamientos seguros pueden convertirse en nuevos reflejos, siempre que se practiquen con regularidad e intención. Esto es lo que persiguen enfoques como la BBS (Behaviour-Based Safety o Seguridad Basada en el Comportamiento).
El reto para los profesionales de HSE no es vigilar a los trabajadores experimentados. Es diseñar entornos y rituales que mantengan su cerebro activo donde el riesgo de accidente laboral es real — incluso cuando todo parece familiar.
Conclusión
¿Desea integrar las neurociencias en su enfoque de prevención de riesgos laborales? C2D Prévention ofrece talleres y acompañamientos para anclar de forma duradera los comportamientos seguros.
Fuentes :
Simonetto, I. (2020). Neurosciences et sécurité — Éviter les erreurs humaines au travail. Éditions Mardaga.
Rousset, Moll & Amalberti (2011). Estudio sobre los errores humanos en el entorno profesional.
Prevenscope.com — Las neurociencias al servicio de las buenas prácticas de seguridad (2022).
